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miércoles, 18 de junio de 2008

Escritura creativa: la construcción del personaje

Uno de los modos más inteligentes de construir los personajes de un relato, especialmente los protagonistas, es utilizando sus propias palabras. No únicamente las que emplean y cómo las emplean, sino, sobre todo, las ideas que inspiran. Un ejemplo: hace unos días la prensa recogía la visita que el presidente de los Estados Unidos había hecho a Benedicto XVI, quien agradeció a Bush "su compromiso con los valores morales fundamentales" (sic). Teniendo en cuenta cuál ha sido a lo largo de su trayectoria política la actitud del norteamericano, admirador de la pena de muerte y la guerra, el papa de los católicos queda sin duda alguna perfectamente caracterizado con sus palabras. (Para ampliar el concepto, ver Amén, dirigida por Costa-Gavras.)

jueves, 24 de abril de 2008

Carlos Franz: “No veo conflicto alguno entre la galaxia de Gutenberg y la de Mac Luhan”

El pasado mes de marzo el escritor chileno Carlos Franz estuvo en Alicante para participar en el ciclo Narradores latinoamericanos en La Sede y presentar la página electrónica que le ha dedicado la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Llegó con su último libro todavía caliente, Almuerzo de vampiros, novela que publicó en España la editorial Alfaguara a principios de año.

Franz nació en Ginebra, en 1959. En 2005 obtuvo el premio literario más importante y tradicional de Argentina, que entrega el periódico La Nación, por su novela El desierto (publicada en España por Mondadori). Es autor de El lugar donde estuvo el paraíso, primer finalista del Premio Internacional Planeta Argentina 1996, llevada al cine por Gerardo Herrero con guión de Jorge Goldenberg y Federico Luppi en el papel protagonista. Desde 2006 desempeña el cargo de Agregado Cultural de su país en la embajada española.

Pregunta. Si le parece, empecemos por su Almuerzo de vampiros. Me encanta la dedicatoria: “Para Diego Maquieira, que no lee novelas”. ¿Se puede contar quién es Maquieira y por qué no le gusta ese género?
Respuesta. Maquieira es un gran poeta chileno, tan puro que no se acerca a la prosa ni para leerla. Durante muchos años tuvimos una tertulia con él y otros amigos en Santiago de Chile. Al dedicarle este libro quise sintetizar en él la belleza de esa amistad. Contra lo usual, ésta no fue una capilla literaria, a pesar de que todos fuéramos escritores. Éramos y seguimos siendo amigos sin obligación de leernos mutuamente. Aunque a veces cayéramos también en esa imperdonable debilidad.
P. ¿Quiénes son los vampiros del título de su novela?
R. Muertos vivos, por supuesto. ¿Quién no los ha visto? Se pasean por Madrid o por Santiago, o Alicante; de día, claro. ¿Quién que haya vivido de verdad, intensamente, no ha muerto un poco en el proceso? Mueren ilusiones, ideales, mitos; sobrevive el cuerpo. Como dice el profesor de la novela: la madurez es la muerte de la sensibilidad a manos de la experiencia. En un sentido más restringido, hay una lectura política también: válida para Chile, España o, en general, esta época mundial de las post-utopías. Los vampiros son aquellos idealistas de ayer que para triunfar en el materialismo de hoy han sacrificado su alma.
P. Escribió Almuerzo de vampiros en Madrid, entre marzo de 2005 y octubre de 2006. ¿Necesitaba distanciarse de su país para aproximarse de esa forma a él?
R. Salí de Chile hace más de ocho años creyendo que no necesitaba ninguna distancia. Ésta operó a pesar de mí, supongo. Sobre todo en hacerme oír mi propia lengua como un dialecto. El proceso se acentuó cuando me vine de Londres a Madrid creyendo que volvía a mi lengua y me encontré en medio de otra variante de ella. Ésta es una de las experiencias más ricas y duras a la vez que puede vivir un escritor: escuchar su propio lenguaje como si fuera ajeno. Ése es otro tema de esta novela: los cambios en el corazón y en la cabeza se notan primero que nada, antes que los sienta el propio vampiro, en su lengua.
P. Seguramente su trabajo más conocido en España es la novela El lugar donde estuvo el paraíso, convertida en película. ¿Le pongo en un compromiso si le pregunto por aquella adaptación?
R. Es un guión muy fiel. Pero la película me resultó ajena. Entiendo que a muchos escritores les ocurre algo similar cuando los “adaptan”. Es que la literatura como yo la entiendo es idioma, es música, es la manera de decir la historia, no sólo la historia misma. Desvestida, despellejada de esa piel, la novela se queda en los huesos.
P. Hablemos de su presencia en cervantesvirtual.com. ¿Cómo surgió el proyecto? ¿Qué ventajas tiene para un escritor en activo “estar en la Red”?
R. Me invitaron hace un par de años, y la verdad es que me siento honrado. No veo conflicto alguno entre la galaxia de Gutenberg y la de Mac Luhan. Al contrario, ésta me parece una infinita ampliación de aquélla. Creo que nunca se había escrito ni publicado más que ahora: blogs, páginas web, el vertiginoso flujo de escrituras digitalizadas. La idea de una biblioteca como la Cervantes, que a la larga pueda preservar y poner al alcance de un lector en China lo que estaba guardado en una biblioteca en Chile, me parece excitante. Y si además hay allí un nicho para mi obra, cómo no ponerme contento.
P. Ya hemos dicho que es usted actualmente Agregado Cultural en la embajada de Chile en España. Nos gustaría que nos hiciera algunas recomendaciones de la actual cultura chilena: literatura, cine, música…
R. Hay un renaciente cine chileno, un buen ejemplo del cual es Machuca, película estrenada en España en 2005. Y hay poesía interesante, como la del susodicho Maquieira; o nuevos narradores, como Alejandro Zambra. Pero me parece un poco estrecho hablar de cultura sólo en términos de artes o literatura. En estos casi dos años me he empeñado en traer a España a dar conferencias a filósofos, historiadores, juristas, economistas, científicos. Mostrar que Chile no sólo produce vino –y poesía–, sino también ideas.

(Publicada en Arte y Letras, suplemento del diario Información.)

martes, 15 de abril de 2008

Dos países

El mismo día en que, en un país, por primera vez en su Historia, se constituye un gobierno formado por mayoría de mujeres, en otro gana las elecciones alguien que, para progresar en la vida, aconseja a las jóvenes casarse con hijos de papá.

O, dicho de otro modo, mientras uno de esos países parece haberse decidido a mirar por fin hacia el futuro (que sea por muchos años), el otro, tan rico en vestigios de siglos remotos, se ancla a lo más rancio, zafio, apestoso del pasado. La hermosa Italia no se merece esa desgracia.

lunes, 17 de marzo de 2008

El lector asesino

En su artículo "La pequeña biblioteca de Auschwitz. La lectura en las barracas" el gran lector Alberto Manguel explica que "Habría sido casi inconcebible para un hogar berlinés de los años 30 no hacer alarde de una biblioteca", afirmación que, tomada con razonable ingenuidad, resulta decepcionantemente paradójica, sobre todo si se ha leído en La experiencia de leer, de C. S. Lewis, que la lectura implica, entre otras cosas, "ver también por otros ojos, imaginar con otras imaginaciones, sentir con otros corazones". Cómo es posible -imagino que se preguntará el cándido, yo mismo- que aquella Alemania culta cometiera una de las mayores atrocidades contra la propia Humanidad.

Sin salir de ese contexto, la prensa de ayer desvelaba la identidad del asesino de
Antoine de Saint-Exupéry, autor de Le petit prince, Vol de nuit, Pilote de guerre, Citadelle y Carnets, entre otros libros. El 31 de julio de 1944, Horst Rippert, piloto de la Luftwaffe, derribó cerca de la costa de Toulon el avión de Saint-Exupéry: la víctima tenía 44 años; el asesino, apenas 20.

Rippert ha recordado que "Era un día precioso, soleado". También que, durante la guerra, consiguió derribar 28 aparatos. "De haber sabido que Saint-Exupéry iba en ese avión -ha añadido-, no hubiera disparado. Ya entonces había leído todos sus libros, era un escritor célebre".

En sus magníficas Apostillas a 'El nombre de la rosa' Umberto Eco recuerda que el grupo del
Oulipo construyó una matriz de todas las situaciones policiacas posibles y descrubrió que "aún no se ha escrito ningún libro donde el asesino sea el lector". Aunque en otro género, la biografía de Rippert podría desmentir esa conclusión. Me gustaría leerla; sobre todo para saber si alguna vez contó la historia de El principito a sus hijos.

lunes, 10 de marzo de 2008

De aquellas aguas...

"En el siglo III, Constantino vio que el cristianismo adquiría importancia. Como la religión pagana no resolvía los problemas, ofrece al cristianismo ser la religión del imperio y los obispos se hacen con el derecho de no pagar tasas, ni impuestos de sucesión, ni tributos, cosas que existían en la jurisdicción romana. Tenían el poder del espíritu y desde entonces el poder material, sin olvidar que se hicieron con propiedades por toda Europa gracias a un documento, supuestamente escrito por Constantino en su lecho de muerte, que se demostró después que era falso". Se lo cuenta Dario Fo, Premio Nobel, a Rosana Torres en El País de ayer. Sí, de aquellas aguas estos lodos.

jueves, 28 de febrero de 2008

25.000 alicantinos

El pasado día 23 escribí en este blog que el grupo municipal del PP de Alicante había votado en contra de una moción para que el Ayuntamiento aplique la ley de la Memoria Histórica y anule la distinción a Franco como Hijo Predilecto de la ciudad (1940) y la concesión al mismo dictador de la Medalla de Oro (1966).

Tras esa negativa, el alcalde, Luis Díaz Alperi, condicionó la retirada de esos honores a que se reunieran las firmas de más de 25.000 vecinos empadronados en Alicante a favor de esa propuesta.

Si quieres ser uno de estos 25.000 alicantinos, pincha aquí.

sábado, 23 de febrero de 2008

Hijos predilectos

Hace tres años me marché de Alicante, la ciudad donde nací y viví casi 40 años. Por razones familiares, suelo visitarla una vez a la semana, procuro que no más. Cada vez la reconozco menos: me acuerdo del escritor Julio Llamazares señalando, en televisión, el agua de un pantano a su espalda y confesando "Yo nací ahí", o sea, en un pueblo desaparecido bajo las aguas. También yo podría sollozar "Yo nací ahí" para señalar a continuación un pantano de cemento, que en eso, a fin de cuentas, se está convirtiendo Alicante, para mayor gloria económica de quienes la gobiernan.

Pero, además, Alicante me es cada vez más ajena, y me alegro infinitamente de haberla abandonado cuando leo en el periódico noticias como la de hoy: Franco seguirá siendo hijo predilecto de Alicante. El alcalde así lo ha decidido porque, afirma, no cree que el tema "preocupe a los alicantinos". A mí sí, incluso lejos de la ciudad. No solo me preocupa, sino que me asquea pensar que ese asesino continúa siendo hijo predilecto del lugar donde, como he dicho, nací y he vivido 40 años y conservo amigos y familiares.

Incapaz de tener un recuerdo para cuantos defendieron hasta el último segundo la legalidad democrática de la República, este alcalde (evidentemente del PP) mira hacia otro lado cuando se trata no ya de despojar de un título al dictador, sino de sacarle brillo a la dignidad de Alicante. No olvidemos quién fundó su partido.

P.D.: Casualmente Forges dedica hoy su viñeta en El País a quienes aún no han logrado desembarzarse de la inspiración franquista.

domingo, 27 de enero de 2008

Lástima de incultura

Hace una semana la Comisión Cívica para la Recuperación de la Memoria Histórica plantó un almendro en flor en el espacio donde estuvo el Campo de los Almendros, en Alicante. Junto al árbol, enmarcado por los colores de la bandera española de la II República, podía leerse este texto: "En este lugar estuvo el Campo de Almendros y aquí está su memorial".

Apenas 48 horas más tarde, el árbol fue brutalmente arrancado y el cartel manchado con símbolos fascistas y la palabra asesinos, que sin duda describe perfectamente a quienes son dignos de la admiración de estos vándalos iletrados, analfabetos, incultos hasta causar pena, ni siquiera risa.

Es evidente que en cualquier país, por civilizado que sea, pueden andar sueltos unos cuantos cabestros ignorantes que insulten a las víctimas y jaleen a los verdugos; lo preocupante, y nauseabundo, es que las instituciones (que se suponen que han de dar ejemplo) miren para otro lado cuando algo así ocurre, suceda donde suceda, en Alicante o en Euskadi. Las víctimas de la intolerancia merecen siempre nuestra solidaridad, aunque no se las pueda utilizar para obtener votos.

miércoles, 2 de enero de 2008

Teatro en busca de la verdad

Quizá porque también es matemático y filósofo, y con certeza porque posee un alto sentido de la responsabilidad, Juan Mayorga (Madrid, 1965), Premio Nacional de Teatro 2007, asumió desde el inicio de su trayectoria como dramaturgo que la suya debía ser una escritura con la verdad como horizonte. Lo confirma su texto teórico "Teatro y verdad", breve ensayo en el que quintaesencia las ideas que había ido apuntando en otros artículos, en entrevistas y, sobre todo, a través de sus obras.

En ese magnífico compendio Mayorga define el teatro como "el arte político por excelencia, puesto que se realiza ante una asamblea". En él, el pensamiento que importa es el del espectador, no el del autor: "Las preguntas que el espectador pueda hacerse, el instinto de sospecha que en él se pueda desarrollar"; dicho de otro modo, el "impulso crítico" que un "verdadero teatro de pensamiento" sea capaz de generar. "Si hay un arte que tiene por misión decir la verdad –concluye–, ese es el teatro". Y esa misión es cada vez más urgente: "Más que nunca se hace preciso un teatro (un arte) que ponga la verdad en escena".

Del Bradomín al Nacional
El largo viaje de Juan Mayorga en busca de la verdad comenzó a finales de los 80 con Siete hombres buenos, texto finalista del Marqués de Bradomín, un premio que, por decirlo de algún modo, concedió la primera oportunidad a una nutrida nómina de jóvenes dramaturgos, entre otros Sergi Belbel, Antonio Álamo, Itziar Pascual, Rodrigo García o Paco Sanguino. A partir de entonces se han sucedido los textos de Mayorga, sus adaptaciones de clásicos (Lope, Calderón, Valle, Dostoievski, Ibsen...), los premios, los estrenos, las traducciones. Sus obras se han visto en una decena de países europeos y cinco americanos, y se han vertido a distintos idiomas, del árabe al serbocroata pasando por el inglés. Con Hamelin (llevado a las tablas por Animalario, espectáculo que mereció el Nacional de Teatro 2005) obtuvo el Max al mejor autor en 2006; antes ya había conseguido el Calderón de la Barca con Más ceniza, el Telón Chivas con Últimas palabras de Copito de Nieve, el Borne y el Caja España con Cartas de amor a Stalin o el Enrique Llovet con Himmelweg, el texto de los suyos que, asegura, menos le disgusta.

Teatro histórico sobre la actualidad
Se pronuncia "jim-mel-beck", significa "camino del cielo". Cuenta la historia de una mentira aceptada: Maurice Rossel, delegado en Berlín del Comité de la Cruz Roja durante la II Guerra Mundial, visitó el campo de concentración de Theresienstadt, convenientemente habilitado por los nazis como "ghetto modelo". Era 1944.

Rossel creyó el montaje "teatral" que los propios presos judíos representaban, por supuesto obligados, para él. Aquello no tenía nada que ver con las brutalidades escuchadas; al contrario: era una especie de oasis que el delegado, incapaz de traspasar siquiera unos pasos la bucólica –pero artificial– escenografía, prefirió creer, puede que necesitado de un poco de humanidad entre tanta barbarie. Regresó a Berlín y redactó un informe en el que describía la situación en el confinamiento como "casi normal".

Parece una pieza de teatro histórico, pero su propio autor define Himmelweg (estrenada en España, Reino Unido, Irlanda, Francia, Noruega y Argentina) como "una obra acerca de la actualidad" que, por cierto, dedica a su hija Beatriz, lo cual creo significativo. También Cartas de amor a Stalin, otro de los grandes textos de Mayorga, se encuadraría en ese subgénero de teatro histórico sobre el presente. En este caso se trata de una magnífica reflexión en torno a "la necesidad que tiene el artista de ser amado por el poder, necesidad tan fuerte como la que el poder tiene de ser amado por el artista". Protagonizada por el escritor disidente ruso Mijail Bulgákov y el dictador georgiano, la obra puede considerarse no únicamente una intensa apología de la libertad de expresión, sino sobre todo un canto a lo imprescindible de la crítica como baluarte de la verdadera construcción democrática.

Bajo la influencia de los griegos, Shakespeare y Brecht ("combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad", escribía este en 1935), sin olvidar a Koltés, Heiner Müller, Bernhard y Sanchis, agradecido a los directores y actores que se comprometen con sus obras y les dan la vida, Juan Mayorga ha creado, crea, un teatro que no se anda con bobadas, valiente e implicado, cuya lectura o presencia da que pensar. Recién galardonado, prepara nuevos estrenos: La tortuga de Darwin, en febrero; La paz perpetua, en abril. Esta última toma título e ideas de un texto de Kant para abordar la terrible disyuntiva entre seguridad o ser libres; como en la vida real, en la pieza de Mayorga vencen los partidarios del control absoluto, y lo hacen citando al filósofo: "Un cementerio es el único lugar que garantiza la paz perpetua". (Publicado en el suplemento Arte y Letras del diario Información, 27 de diciembre de 2007)

jueves, 29 de noviembre de 2007

Las provechosas visitas de Fernán-Gómez

He visto el rostro de Fernando Fernán-Gómez ocupando toda la pantalla centenares de veces; sin embargo, al enterarme de su muerte, el primer semblante suyo que se me vino al recuerdo, casi en tromba, fue el del viejo, entrañable, maestro republicano que hablaba de libertad, del poder de las palabras, de los pequeños milagros de la naturaleza, en aquella película maravillosa de Cuerda, La lengua de las mariposas, que, en cuanto me descuide, pienso volver a disfrutar: “En el otoño de mi vida –dice el maestro Fernán-Gómez en ella–, yo debería ser un escéptico, y en cierto modo lo soy. El lobo nunca dormirá en la misma cama con el cordero; pero de algo estoy seguro: si conseguimos que una generación, una sola generación, crezca libre en España, ya nadie les podrá arrancar nunca la libertad”.

Porque, a pesar de la seguramente merecida (y hasta buscada por él mismo) fama de irascible del actor, director, escritor, yo creo que en el fondo todo el mundo quería a Fernán-Gómez, incluso estoy convencido de que nadie le tuvo del todo en cuenta en serio sus gruñidos, sus improperios, ni siquiera quienes los sufrieron a bocajarro; a fuerza de verlo por casa tantas veces, un día convertido en Don Mendo, al siguiente en misionero, al otro en futbolista calamidad, Fernando Fernán-Gómez era ya casi como de la familia, no sé, el otro tío, el otro cuñado, el otro abuelo.

Cómicos
Si me pongo a recordar las películas de Fernán-Gómez (como actor, como escritor, como director) que, por unas cosas o por otras, me han dejado huella, me quedo sin espacio, no hay duda; así que quiero centrarme en una en la que fue todo eso (actor, escritor, director), que comenzó siendo un serial radiofónico, se convirtió en una excelente novela y de ahí saltó a la pantalla como un filme que, sobre todo si además también el teatro te enseñó a vivir, como a mí, no puedes cansarte de ver: El viaje a ninguna parte, claro.

Quizá este sea uno de los mejores ejemplos de éxito a la hora de traducir la letra a imagen. No sé qué fue primero para mí, el libro o la cinta; en cualquier caso, creo imposible imaginar ya a un Carlos Galván distinto del que clava José Sacristán, a un Arturo Galván con otra cara que no sea la del propio Fernán-Gómez, a un zangolotino al que el labio no le cuelgue como a Gabino Diego, a quien se había descubierto, si no me equivoco, en la versión cinematográfica de otra magnífica pieza de Fernán-Gómez, Las bicicletas son para el verano.

El viaje a ninguna parte es un libro, y una película, no sobre el teatro, sino sobre el teatro ambulante, “de vagabundos”, como dice Juanita Plaza; es un libro, y una película, no sobre la memoria, sino sobre cómo la memoria también puede ser un refugio; es un libro, y una película, sobre una España que duele, pero de la que se pueden sacar excelentes lecciones vitales. No creo que sea una casualidad: este libro, esta película, me recuerdan siempre una hermosa frase de Jean Cocteau: “No importan el fracaso ni el éxito, sino haber traspasado de parte a parte un solo corazón”.

A Carlos Galván, como he dicho Sacristán en la pantalla, le parece que la suya, la de cómico harapiento, es la profesión “más bella que existe”, y que él, en medio de la miseria en la que vive, pertenece a una “casta privilegiada” que hace reír, gozar y llorar a la gente, qué generosidad. Así también Fernán-Gómez, cubierto su ataúd por la bandera anarquista en medio del escenario del Español, ha podido marcharse tranquilo tras el the end: le recordaremos siempre como alguien que nos hizo reír, gozar y llorar, que se colaba en casa como uno más de la familia para hacernos pasar un buen rato, que nos enseñó, en fin, que la vida vale la pena por tantas cosas: por una buena película, por un buen libro, un beso… Sinceramente, le agradezco todas las veces que nos visitó surgiendo desde aquella pantalla, durante mucho tiempo en blanco y negro: las suyas fueron siempre visitas muy provechosas. (Publicado en el suplemento Arte y Letras del diario Información, 29 de noviembre de 2007)

martes, 23 de octubre de 2007

No lo sabe

"No lo sé, es decir, no lo sé". Ésa fue la conclusión a la que llegó el propio Rajoy después de frivolizar sobre el riesgo del calentamiento del planeta, apoyándose, eso sí, en lo que le había dicho su primo. "No lo sé, es decir, no lo sé".

Si no lo sabe, ¿para qué dice nada?

jueves, 11 de octubre de 2007

Gracias, sabios lectores

Que muchas veces los ciudadanos están muy por encima de sus representantes políticos queda patente en los espacios de cartas de los lectores de los periódicos, sección a la que suelo acudir para encontrar la sabiduría que los discursos de varios de nuestros representantes nos niegan, posiblemente por desconocimiento, lo que no es para reír ni siquiera sonreír, sino al contrario.

Tras darme de bruces ayer por la noche con el vídeo nacionalista de Rajoy, abro El País y leo la carta firmada por un lector, Antonio Jiménez Jiménez (Madrid), sobre los interesados y manipuladores (des)conocimientos del líder del PP acerca de la Historia de España. Es mejor leerla al completo que destacar citas, por lo que apenas incurriré en ello un par de veces: "¿Cómo puede decir [Rajoy] que España es una nación de más de 500 años? Hace 500 años se creó una unión territorial parecida a la España actual, gracias al matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Pero sólo era una unión dinástica"; y más adelante: "Dice usted [o sea, otra vez Rajoy] que somos la nación más antigua de Europa. No sé de dónde saca esto, pero si observa un mapa del siglo XV podrá apreciar que ya existían Francia, Dinamarca, Suecia, Noruega, Inglaterra, Hungría y Portugal, por poner sólo algunos ejemplos".

El problema de ciertos políticos, en realidad politicastros, es creer que la masa de ciudadanos es absolutamente idiota, al menos algo más que ellos mismos; en ese sentido se me vienen al recuerdo algunas imágenes, protagonizadas por el tal Acebes, de los días posteriores al 11-M.

Con todo, en algo seguiré el vídeo de Rajoy, haré un "gesto español": leeré algunas páginas del Quijote, escritas en el mejor español que ha existido por un señor con el que sí es un orgullo tener cosas en común.

viernes, 24 de agosto de 2007

Matar

Desde Nueva York, Bárbara Celis ofrece en el diario El País de ayer un dato que resulta paralizante: 124 personas condenadas a la pena de muerte en EE. UU. han conseguido demostrar que no eran culpables, y se han librado así de la ejecución.

No ya 124, sino únicamente uno de estos casos, o la mínima sospecha de que el Estado pudiese ejecutar a un inocente, debería bastar (si no otras consideraciones anteriores) para que el que se denomina a sí mismo "país más democrático del mundo", invasor de cuantos territorios le parece oportuno para expandir su peculiar idea de libertad (de libertad de mercado, esencialmente), eliminara de una vez esa execrable "práctica de hacer justicia", como allí se califica.

Informa Celis de que muchos de los condenados a morir por el Estado son víctimas "de negligencias en el sistema judicial, de confesiones falsas, de identificaciones erróneas y de defensores incompetentes". Quizá por una o varias a la vez de esas razones morirá próximamente alguna de las 3.350 personas que aguardan su turno en el corredor de la muerte, donde Curtis Edward McCarthy, por ejemplo, pasó 16 años esperando que lo mataran por un asesinato que no cometió.

En Cuba, en China, en Estados Unidos, en Irak, en Japón... Da lo mismo el punto del planeta donde suceda: matar, con el consentimiento o no de la Ley, es matar; y en todas partes resulta igual de fascista.

martes, 8 de mayo de 2007

Arzobispadas

Ahora sí que estoy hecho un lío. No sé si votar a Comunión Tradicionalista Católica, a Alternativa Española, al Tercio Católico de Acción Política o a la Falange Española de las JONS. La culpa la tiene el arzobispo de Pamplona, D. Fernando Sebastián Aguilar, quien ha descrito a esos partidos como "dignos de consideración y de apoyo" en un documento publicado en la página web de la Iglesia Católica Navarra.

Al parecer, el texto forma parte de una conferencia ofrecida por el arzobispo en León el pasado mes de marzo con el título de "Situación actual de la Iglesia, algunas orientaciones prácticas". Exactamente dice: "Hoy en España hay algunos partidos políticos que quieren ser fieles a la doctrina social de la Iglesia en su totalidad, como p.e. Comunión Tradicionalista Católica, Alternativa Española, Tercio Católico de Acción Política, Falange Española de las JONS. Todos ellos son partidos poco tenidos en consideración. Tienen un valor testimonial que puede justificar un voto. No tienen muchas probabilidades de influir de manera efectiva en la vida política, aunque sí podrían llegar a entrar en alianzas importantes si consiguiesen el apoyo suficiente de los ciudadanos católicos. Por eso no pueden ser considerados como obligatorios, pero sí son dignos de consideración y de apoyo". ("Alianzas importantes": ¿con quiénes?, ¿con qué partidos?, ¿o partido?)

Se ve que el arzobispo es un hacha con el boli. Hace unos años publicó una "Carta desde la fe" en la que afirmaba: "Si nos callamos y dejamos que se vaya normalizando eso de que da lo mismo ser homo que hetero, es posible que nos encontremos dentro de poco con una verdadera epidemia de homosexualidad, fuente de problemas psicológicos y de frustraciones dolorosas".

"Cuando despertó -decía Monterroso-, el dinosaurio todavía estaba allí".

jueves, 29 de marzo de 2007

Estése a lo correcto

Diario El País, sábado 24 de marzo de 2007: en su artículo "Estése a lo acordado", Ernesto Ekáizer escribe: "La Fiscalía de la Audiencia Nacional planteó a la Sección Cuarta, el tribunal, las cuestiones procesales sobre el alcance del juicio. Entre ellas, quiénes serían objeto del mismo".

El mismo periódico, la misma fecha, unas páginas después: ahora es Javier Pérez Royo el que, en su excelente "Círculo vicioso", dice: "Si el Gobierno socialista es realmente lo que la dirección del PP dice que es, únicamente es aceptable el resultado electoral que supone la derrota del mismo".

Como explica el Diccionario panhispánico de dudas (p. 439), "A pesar de su extensión en el lenguaje administrativo y periodístico, es innecesario y desaconsejable el empleo de mismo como mero elemento anafórico, esto es, como elemento vacío de sentido cuya única función es recuperar otro elemento del discurso ya mencionado; en estos casos, siempre puede sustituirse mismo por otros elementos más propiamente anafóricos, como los demostrativos, los posesivos o los pronombres personales". De los varios ejemplos de uso erróneo que cita el Panhispánico, el primero está tomado también de El País (pero se trata, por desgracia, de un fallo cada vez más común): "Criticó al término de la asamblea las irregularidades que se habían producido durante el desarrollo de la MISMA"; y concluye: "pudo haberse dicho durante el desarrollo de ESTA o durante SU desarrollo".

viernes, 23 de marzo de 2007

Manual para soportar los tiempos que corren

A veces he pensado que, si realmente tuviera que llevarme un único libro a la hipotética isla desierta (¿dónde estará?), sería sin dudarlo El Quijote, incluso en la versión sonora de la Biblioteca Virtual. No obstante, en su defecto tampoco me vendría mal un periódico, eso sí, de los serios.


Me gusta leer diarios. No sólo los titulares, las entradillas, los pies de las fotos; me gustan los artículos de opinión, especialmente los que no suscribiría jamás, salvo exageradas excepciones; me gustan las cartas al director y los reportajes; las columnas de Manuel Vicent, Juan José Millás o Manuel Rivas, una excelente muestra de literatura urgente, dictada por la actualidad, que cada uno de esos escritores encara a su manera.
En medio del ruido ensordecedor que algunos gamberros irresponsables no dejan de producir, Rivas escribía el sábado pasado un párrafo que quiero convertir en mi manual para soportar los tiempos que corren: "Curiosa situación la de España: por la calle marcha una reacción invernal, confusa y gris, y a continuación el Congreso, de mayoría progresista, aprueba una revolución de geometría histórica, de una simetría estética y justa [la Ley de Igualdad]".
Además, esa columna de Rivas llevaba un título precioso: "La decencia". Si tenéis un minuto, leedla.

 
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