martes, 26 de febrero de 2008

Contra el pensamiento único (el único pensamiento)

Tal vez, lo primero que llama la atención sobre Farenheit 451 (Minotauro), de Ray Bradbury, es su año de escritura, 1953. Ese mismo año Arthur Miller estrenó Las brujas de Salem, pieza teatral con la que denunciaba, al igual que Bradbury con Farenheit, la caza de brujas que masacró la intelectualidad estadounidense entre 1950 y 1956. Ese mismo 1953 moría Stalin en la URSS y eran ejecutados, es decir, asesinados, los Rosenberg en EE. UU.

No, 1953 no fue un buen año, pero la Humanidad no venía precisamente del Paraíso: en el 45 había acabado la II Gran Guerra con las increíbles guindas de Hiroshima y Nagasaki, Europa estaba en ruinas y el mundo comenzaba a ser plenamente consciente de hasta qué punto había sido monstruoso el nazismo, en Sudáfrica (en el 48) se instauraba el apartheid, Mao llegaba al poder en China en el 49 (el año de 1984, de Orwell) y en el 51 EE. UU. iniciaba la escalada atómica.

Mientras todo eso (todas esas miserias) sucedía, Bradbury ideaba y redactaba una novela que transcurría en su propio país algunos o muchos años después. Una ficción especulativa que François Truffaut llevaría al cine en 1966 y que se ha convertido con el tiempo en uno de los títulos principales del catálogo de distopías literarias y cinematográficas junto a la citada 1984, La máquina del tiempo (de H. G. Wells), Metrópolis (de Fritz Lang), Un mundo feliz (de Huxley) o La naranja mecánica (de Burgess).

La novela de Bradbury presenta un mundo en el que se ha anulado la capacidad de pensar. El gobierno establece las ideas, y todo lo que se atreva a minar esa norma se convierte en elemento antisocial que es preciso reducir. La lectura es un peligro, ya que, como asegura un viejo profesor de Literatura, "los libros muestran los poros del rostro de la vida"; pero, además, son memoria del pasado y un abanico de argumentos, dos aspectos contra los que lucha la nueva sociedad, antipasatista, propiciadora del pensamiento único.

Frente a los libros, que urge destruir por medio del fuego (la Historia está repleta de biblioclastas: léase el trabajo de Fernando Báez, en Destino), se alzan las pastillas de todo tipo y el televisor, que "te dice lo que debes pensar y te lo dice a gritos", que se permite incluso sustituir a la familia. Montag, el protagonista de la novela, bombero que en el mundo absurdo ideado por Bradbury se dedica a quemar libros, pasa de siervo a contestatario y, de esa forma, introduce un elemento de esperanza que, en su huida, nos transporta hasta los bosques habitados por los hombres-libro, rebeldes decididos a reventar los barrotes del gran calabozo. Todos ellos han aprendido de memoria un libro; así, cuando las circunstancias sean propicias podrán volver a construir un mundo mejor que aproveche las lecciones de la memoria y la riqueza que surge de la diversidad de ideas. ¿Qué libro hubiese memorizado yo en ese bosque? Sin duda uno magnífico que escribió Cervantes, pero este de Bradbury tampoco habría sido mala opción, por si las moscas. "Allí donde queman libros -escribió Heine, y desgracidamente sobran los ejemplos-, acaban quemando hombres".

3 comentarios:

Raquel dijo...

La primera toma de contacto que tuve con la distopía fue cuando leí "Un mundo feliz". Recuerdo la sensación de opresión que sentí mientras lo leía y recuerdo, también, que se me erizaba la piel al contrastar los hechos que sucedían en la novela con la realidad. Algunos años después la sensación se repetía con "1984".
No puedo evitar pensar que, como en las novelas de Bradbury, de Orwell, o de Huxley, todos nuestros pensamientos ya están (pre)determinados o programados.
Por suerte, ese miedo se disuelve cuando abro un libro, cuando expreso lo que siento o cuando elijo qué música quiero escuchar.

El caso es que lo que yo venía a decir era que no sabría qué libro hubiese memorizado, con lo indecisa que soy.

Ramón Madrigal dijo...

El título de la novela de Ray Bradbury, Fahrenheit 451 (Celsius 232 se llamaría Si Ray no fuera anglosajón estadounidense) compendia toda la novela. Con una sola palabra en la tapa de un libro, Bradbury consigue informar a las presentes y futuras generaciones de lectores de que los libros arden… y que pensemos en ello.
Fahrenheit 451 es una novela de ciencia-ficción porque la historia se desarrolla en un indeterminado futuro en el que se ha “evolucionado”, pero de un muy concreto subgénero que tiene como identidad el temor a un futuro peor que un presente ya poco halagüeño.
En esta novela, Bradbury relata de forma lineal, en trama sencilla como en los cuentos, la historia de un personaje y la evolución de su pensamiento que le acaba redimiendo. Con pocos artificios literarios, personajes los menos y descripciones las justas, consigue implicar al lector. Nada aquí es gratuito; nada sobra y nada falta; la palabra al servicio del concepto, de la idea que se quiere transmitir. Excepto el protagonista, todos los personajes son esquemáticos: Beatty, la autoridad; Mildred, la alienación; Clarisse, el espíritu libre; Fader, la luz; Granger, la esperanza y… Montag (la rebeldía) cuyo pensamiento navega sobre todos ellos antes de llegar a puerto. Igual pasa con las descripciones: solo las justas para crear la atmósfera, sustentar el relato y construir la trama. Pero al final, el mensaje queda claro: la aniquilación de las ideas mediante la destrucción de los libros origina una sociedad enferma, alienada, sin horizontes.
El relato es hiperbólico, una exageración pesimista cuidadosamente urdida para que el lector tome partido. Lo que salva al autor, a la novela y al lector, es la esperanza. Los “hombres-libro” (al parecer inspirados en la cruda realidad de un campo de concentración nazi, según nos cuenta Alberto Manguel en Una historia de la lectura) nos permiten volver a respirar.
En fin, una obra, ascendida al olimpo de los clásicos, imprescindible.

Ramón Madrigal

Alejandra dijo...

Farenheit 451, libro que presenta un mundo que condena a la “hoguera” a los libros en los que no se defiende la idea de felicidad sino sentimientos opuestos. En él se realiza una crítica a la sociedad norteamericana, al pensamiento de que a toda costa hay que ser feliz, no admitiendo sentimientos contrarios.

La consecuencia de éste pensamiento es la FALTA DE LIBERTAD, en todo momento hay que aparentar y ello impide a las personas pensar por sí mismas, desarrollar su propia personalidad, ya que en todo momento se encuentra dirigido, puesto que se le dice cómo debe actuar y qué no debe cuestionarse.
Lo asombroso de éste libro es lo avanzado que se presenta para su época, plasmando un mundo futuro en el que se defiende la idea de individualidad de los sujetos, el no actuar “como borregos” y la huída de cualquier manipulación externa.
Tanto en la época en la que se escribió el libro, como en la actualidad determinados sentimientos inherentes al ser humano, como la soledad, desasosiego, etc…, parece que están mal vistos, que a toda costa hay que difundir un mensaje de “todo está bien”.
Con todo lo dicho, desde mi punto de vista es un libro recomendable. Sorprende como a pesar del tiempo en el que fue escrito consigue tener una visión del futuro tan clara, y yo diría que premonitoria, hablando de cosas que ahora existen pero que en ese tiempo eran impensables como una tecnología similar a la del mp3, ordenadores portátiles, televisores a color incluso similares a los plasma, etc… (por ello me hubiese gustado haber leído el libro años atrás, para saber qué efecto me habría producido el mismo).
Pero hay más cosas que lo hacen atractivo, la presentación del ser humano como individuo sujeto a una “idílica” situación de bienestar social, sin embargo ésta no es real, todo lo contrario, se trata de una felicidad programada, fingida. Actualmente la situación es idéntica, todo lo que nos rodea va dirigido a proporcionarnos una existencia más cómoda y tranquila, ahuyentar las preocupaciones y en consecuencia esconder lo opuesto a las ideas plasmadas. Lo asombroso es que a pesar de las décadas que han transcurrido desde la publicación del libro, en el que se denunciaba toda esa hipocresía, defendiendo la autonomía de la voluntad, huída del pensamiento dirigido, etc… la situación no ha mejorado sino que se ha acentuado, cada vez se nos bombardea más con mensajes de “hay que ser feliz porque nosotros te proporcionamos la felicidad” .
Alejandra Mayor

 
Add to Technorati Favorites