lunes, 17 de marzo de 2008

El lector asesino

En su artículo "La pequeña biblioteca de Auschwitz. La lectura en las barracas" el gran lector Alberto Manguel explica que "Habría sido casi inconcebible para un hogar berlinés de los años 30 no hacer alarde de una biblioteca", afirmación que, tomada con razonable ingenuidad, resulta decepcionantemente paradójica, sobre todo si se ha leído en La experiencia de leer, de C. S. Lewis, que la lectura implica, entre otras cosas, "ver también por otros ojos, imaginar con otras imaginaciones, sentir con otros corazones". Cómo es posible -imagino que se preguntará el cándido, yo mismo- que aquella Alemania culta cometiera una de las mayores atrocidades contra la propia Humanidad.

Sin salir de ese contexto, la prensa de ayer desvelaba la identidad del asesino de
Antoine de Saint-Exupéry, autor de Le petit prince, Vol de nuit, Pilote de guerre, Citadelle y Carnets, entre otros libros. El 31 de julio de 1944, Horst Rippert, piloto de la Luftwaffe, derribó cerca de la costa de Toulon el avión de Saint-Exupéry: la víctima tenía 44 años; el asesino, apenas 20.

Rippert ha recordado que "Era un día precioso, soleado". También que, durante la guerra, consiguió derribar 28 aparatos. "De haber sabido que Saint-Exupéry iba en ese avión -ha añadido-, no hubiera disparado. Ya entonces había leído todos sus libros, era un escritor célebre".

En sus magníficas Apostillas a 'El nombre de la rosa' Umberto Eco recuerda que el grupo del
Oulipo construyó una matriz de todas las situaciones policiacas posibles y descrubrió que "aún no se ha escrito ningún libro donde el asesino sea el lector". Aunque en otro género, la biografía de Rippert podría desmentir esa conclusión. Me gustaría leerla; sobre todo para saber si alguna vez contó la historia de El principito a sus hijos.

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